miércoles, 12 de diciembre de 2012

Caleidoscopio Cultural - Hoy: Libros


 (Presentación del libro a cargo de Rubén Eduardo Gómez, director de Vela al Viento, el jueves 6 de diciembre de 2012, en el Centro Cultural de Comodoro Rivadavia, Chubut, Patagonia Argentina - Mita Oroz escribe poesía y cuentos. Fue inscripta en Paso de Indios el 5 de febrero de 1932. Este es su primer libro.)


Los libros tienen hilos invisibles que nos llevan a otros libros, a otra poesía, a otras ideas, a otras comarcas, a nuevos amigos, y en cada nuevo libro, nueva poesía otra, nuevas ideas otras, nuevas comarcas otras, y a su vez, a otros libros y así, como en una interminable telaraña. No es posible evitarlo.

Los libros tienen esos hilos invisibles que nos permiten dialogar con su autor para poder hablar con nosotros mismos como en un espejo de papel.

Muchas veces los libros son ojos prestados que nos permiten descubrir otros lugares, otras personas, otras ideas, pero otras muchas veces lo que hacen es mostrarnos las mismas cosas, los mismos lugares desde otro punto de vista. Y eso siempre nos hace crecer, nos hace mejorar la forma de ver esas cosas, muchas veces tan cotidianas y tan aprehendidas, tan propias, tan naturalmente allí, que se vuelven imperceptibles, ignoradas, olvidadas, invisibles.

Curiosamente fue un libro de Ernesto Allende el que hizo que Mita Oroz prestara atención en mi editorial. Fue en la Biblioteca Hugo Darío Fernández en donde nos conocimos con Mita y comenzamos a darle forma a este libro que hoy presentamos. Un libro con hilos invisibles.

En la primer lectura que hice de “Tristezas, broncas y amores”, pensé que podría dividir el libro en tres partes para hacer honor al título del libro. Ya que tenían los poemas las fechas o los años en los que fueron escritos, también pensé en que se podrían ordenar cronológicamente.

Pero estas ideas se disiparon en el momento en que recibí las fotos de tapa y de la solapa en las que Mita es protagonista. En la foto de tapa la vemos buscando calafate en la meseta, totalmente absorbida por esa tarea sin reparar en quien está sacando la foto. Y viendo la foto de la solapa, descubrí que la mirada de Mita no ha cambiado.

Así, estoy convencido de que la vida no tiene el orden de las tres partes en las que había pensado en dividir el libro, sino que, por el contrario, se encarga de traernos las tristezas, provocar nuestras broncas y alimentar nuestros amores, caóticamente, sin lógica alguna, sin que sean equivalentes o que se compensen, o quizás que sus tiempos sean parejos, y aún cuando así sea, sabemos que siempre los tiempos de felicidad, pese a la intensidad, siempre son mucho más cortos que aquellos en los que el dolor nos habita.

No, no era posible dividir al libro en partes porque tampoco es posible dividir a la vida en partes.

La mirada de Mita Oroz se posa en los hilos invisibles de la vida de la misma manera en que sus ojos lo hacen sobre ese calafate, en su madurez, en su color, en esa tarea de encontrar el fruto que le satisface, el que quería encontrar y saborear. El calafate como el sueño de su propio libro, cosido, atado con los hilos invisibles de las tristezas, broncas y amores. Esa telaraña por la que se camina y se alimenta, por la que se nombra y se es, por la que se dice, se llora y se grita, por la que se siente, sangra y besa.

La vida en los que nos son, los hilos que nos unen con hijos y nietos, los hilos que nos lían a los que quisimos y seguimos queriendo, los hilos que el amor teje sin egoísmo. No, la mirada de Mita no ha cambiado.

Eligió la poesía para decir, la poesía porque es ese cantar a corazón abierto, genuino y directo, sencillo y verdadero, con la palabra propia y sus habitantes de los intersticios del lenguaje, para decir. ¿qué otra forma mejor para conmover que la poesía?

Celebro la aparición de “Tristezas, broncas y amores” porque es un sueño tejido con hilos invisibles, que se corporiza en la sonrisa y en la mirada de Mita Oroz.

Muchas gracias.
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